martes, 11 de diciembre de 2012

Capitulo 3


-Tranquila princesa ¿no ves que acabo de salvarte la vida?-preguntó con una sonrisa sarcástica dibujada en su rostro.
“Clik” Quite el seguro de mi arma, la sonrisa se le borró de inmediato.
-Apretar el gatillo no me supone ningún esfuerzo, pero no me apetece tener que preocuparme de donde esconder tu cuerpo hasta que tenga la oportunidad de bajarme de este tren, así que te daré una última oportunidad. ¿Quien eres?
-Esta bien, ya veo que no te andas con rodeos -hizo un ligero movimiento de brazo y apreté con fuerza mi pistola contra su sien- Soy Miguel - dijo mientras se remangaba la camisa y me dejaba ver el tatuaje de su muñeca con forma de “L”
El tatuaje era el distintivo de los miembros de la organización, yo también lo llevaba, nos lo hacían el día que pasábamos a formar parte de ella, era como un rito de iniciación.
Es de los nuestros. Relajé la presión de mi pistola, pero no dejé de apuntarle
-¿que haces aquí?- le pregunte mientras me levantaba y sacudía de mi ropa algunos trocitos de cristal.
-Recibimos un soplo de ultima hora, los de el servicio de inteligencia te han localizado, nos estarán esperando en la siguiente estación así que debemos salir de aquí como sea.
-Gracias por la información, pero ya me las apaño yo sola- Guardé la pistola y saque lo imprescindible de la maleta.
-Lo siento cielo, pero tengo orden de acompañarte – se apoyó con un brazo en la puerta corredera que estaba medio abierta impidiéndome el paso y sonrió triunfante.
-Pues en ese caso...-Me acerque a el hasta que nuestros cuerpos casi se tocaban y nuestros rostros quedaron a escasos centímetros de distancia, tragó saliva con dificultad – Intenta no interponerte en mi camino- empuje la puerta hasta abrirla del todo y el cayó torpemente. Me reí y salí del compartimento pasando por encima.
Me alcanzó cuando ya había llegado al último vagón, la puerta de emergencia era la mejor salida para escapar del tren cuando este aun estaba en marcha. Tras la puerta había una pequeña plataforma delimitada por uno barrotes ,accioné una palanquita con un letrero que ponía “usar en caso de emergencia” y la puerta se abrió. Salimos del tren y nos sentamos en la plataforma esperando que el tren pasara por un llano sin arboles para poder saltar sin correr mas riesgos de los necesarios. Pasaron varios minutos y parecía que los arboles que había a ambos lados de la vía no se iban a terminar nunca.
-Hace fresquito he...- Miguel intentaba empezar una conversación inútilmente.
Lo mire con resignación y volví a concentrarme en el paisaje. En un momento determinado la sucesión de arboles se interrumpió y dio paso a un campo de cultivo.
Me preparé para saltar, cuando estaba cogiendo impulso Miguel me sujeto por el brazo.
-Saltaremos los dos a la vez, no quiero tener que ir a buscarte la otra punta del campo.
-¿Que pasa? No quieres quedarte solito...- le conteste de manera burlona.
Los dos saltamos a la vez , chocamos contra en suelo de tierra bruscamente y rodamos varios metros, cuando por fin conseguimos frenar estábamos llenos de magulladuras y habíamos recogido en nuestras ropas la mitad de la cosecha de aquel campo.
El se levanto primero, me tendió la mano y yo la rechacé, se rió y me dio la espaldas, gran error.
Me levanté del suelo con rapidez, saqué mi pistola y le di un golpe contundente en la nuca con la culata, se desmayo al instante.
Había tenido mis dudas con respecto a que hacer con el, no me fiaba, podía no ser quien decía ser.
A decir verdad, un tatuaje demostraba mas bien poco, aun así, matarlo no habría sido la opción mas acertada, a Fernando no le hubiese hecho gracia que me hubiese desecho de uno de los nuestros y luego estaba lo del cadáver... Al final había optado por dejarlo inconsciente, eso me daría un par de horas de ventaja.