-Tranquila princesa ¿no ves que acabo
de salvarte la vida?-preguntó con una sonrisa sarcástica dibujada
en su rostro.
“Clik” Quite el seguro de mi arma,
la sonrisa se le borró de inmediato.
-Apretar el gatillo no me supone ningún
esfuerzo, pero no me apetece tener que preocuparme de donde esconder
tu cuerpo hasta que tenga la oportunidad de bajarme de este tren,
así que te daré una última oportunidad. ¿Quien eres?
-Esta bien, ya veo que no te andas con
rodeos -hizo un ligero movimiento de brazo y apreté con fuerza mi
pistola contra su sien- Soy Miguel - dijo mientras se remangaba la
camisa y me dejaba ver el tatuaje de su muñeca con forma de “L”
El tatuaje era el distintivo de los
miembros de la organización, yo también lo llevaba, nos lo hacían
el día que pasábamos a formar parte de ella, era como un rito de
iniciación.
Es de los nuestros. Relajé la presión
de mi pistola, pero no dejé de apuntarle
-¿que haces aquí?- le pregunte
mientras me levantaba y sacudía de mi ropa algunos trocitos de
cristal.
-Recibimos un soplo de ultima hora, los
de el servicio de inteligencia te han localizado, nos estarán
esperando en la siguiente estación así que debemos salir de aquí
como sea.
-Gracias por la información, pero ya
me las apaño yo sola- Guardé la pistola y saque lo imprescindible
de la maleta.
-Lo siento cielo, pero tengo orden de
acompañarte – se apoyó con un brazo en la puerta corredera que
estaba medio abierta impidiéndome el paso y sonrió triunfante.
-Pues en ese caso...-Me acerque a el
hasta que nuestros cuerpos casi se tocaban y nuestros rostros
quedaron a escasos centímetros de distancia, tragó saliva con
dificultad – Intenta no interponerte en mi camino- empuje la puerta
hasta abrirla del todo y el cayó torpemente. Me reí y salí del
compartimento pasando por encima.
Me alcanzó cuando ya había llegado al
último vagón, la puerta de emergencia era la mejor salida para
escapar del tren cuando este aun estaba en marcha. Tras la puerta
había una pequeña plataforma delimitada por uno barrotes ,accioné
una palanquita con un letrero que ponía “usar en caso de
emergencia” y la puerta se abrió. Salimos del tren y nos sentamos
en la plataforma esperando que el tren pasara por un llano sin
arboles para poder saltar sin correr mas riesgos de los necesarios.
Pasaron varios minutos y parecía que los arboles que había a ambos
lados de la vía no se iban a terminar nunca.
-Hace fresquito he...- Miguel intentaba
empezar una conversación inútilmente.
Lo mire con resignación y volví a
concentrarme en el paisaje. En un momento determinado la sucesión de
arboles se interrumpió y dio paso a un campo de cultivo.
Me preparé para saltar, cuando estaba
cogiendo impulso Miguel me sujeto por el brazo.
-Saltaremos los dos a la vez, no quiero
tener que ir a buscarte la otra punta del campo.
-¿Que pasa? No quieres quedarte
solito...- le conteste de manera burlona.
Los dos saltamos a la vez , chocamos
contra en suelo de tierra bruscamente y rodamos varios metros, cuando
por fin conseguimos frenar estábamos llenos de magulladuras y
habíamos recogido en nuestras ropas la mitad de la cosecha de aquel
campo.
El se levanto primero, me tendió la
mano y yo la rechacé, se rió y me dio la espaldas, gran error.
Me levanté del suelo con rapidez,
saqué mi pistola y le di un golpe contundente en la nuca con la
culata, se desmayo al instante.
Había tenido mis dudas con respecto a
que hacer con el, no me fiaba, podía no ser quien decía ser.
A decir verdad, un tatuaje demostraba
mas bien poco, aun así, matarlo no habría sido la opción mas
acertada, a Fernando no le hubiese hecho gracia que me hubiese
desecho de uno de los nuestros y luego estaba lo del cadáver... Al
final había optado por dejarlo inconsciente, eso me daría un par de
horas de ventaja.